| ESCUELA 16: ¿LA EXCEPCIÓN O LA REGLA?
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“Son pobres re pobres” dice la vice- directora y uno de los nenes de primer grado le explica a su maestra “señorita no tener nada, nada de nada”, cuando ella preguntaba para completar la columna del cartel naranja. Hablaban de aquello que los entristece. Y podríamos creer que se trata de un reclamo piquetero o sindical, una consigna de los nuevos movimientos sociales. Y hacernos eco de algo así como “que los chicos repiten todo lo que escuchan en la casa”. Sin embargo, reconocemos la frescura infantil cuando leemos que se agrega “no tener juguetes” o que en la otra columna, la de “las cosas que nos hacen felices” leemos “tener las zapatillas limpias”, “la ropa brillante”, “tener guardapolvo”, “comer cosas ricas”. Arriba de este cartel naranja, en la pared del pasillo de la escuela hay otro más pequeño, marrón por cierto, que indica “derechos del niño”. Cuando uno o una se detiene a esa altura, el cartel naranja parece que está ahí, latiendo. Y el marrón, achicándose.
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