Durante el mes de septiembre, en el marco del séptimo ciclo de Derecho al Arte, se encontrará expuesta en nuestra Galería del primer piso, la muestra de fotografías, textos y poemas “Guardianes Verdes”, de la estudiante de abogacía Luli Cattáneo.

Esta exposición busca estimular y hacer visibles procesos culturales de expresión y reflexión en el seno de la Facultad, brindar a la comunidad una programación artística complementaria a las actividades regulares de la Secretaría y despertar la vocación artística en el público espectador.


Los Guardianes Verdes
Darle brillo y valor a todo lo que mantiene encendido nuestro asombro. Recircular lo que descubrimos con la inocencia de un niño. Ofrecer a otros lo que nos apasiona, lo que nos transforma, lo que nos acerca a nuestra esencia y lo que nos inspira en el proceso de SER nuestra mejor versión. Compartir con consciencia el Cosmos que nos habita y el Cosmos que habitamos, así como los puentes que nos conectan con el Cielo y los astros, con la Tierra y la naturaleza. Transmutar en escritos los ciclos, los desencuentros, los reencuentros, los matices y los recorridos que atravesamos. Sumar algo nuevo a lo que ya existe, no para destruirlo ni para reemplazarlo, sino para integrarlo. Desplegar con entusiasmo, amor y responsabilidad la obra creada por el Universo; reflejar su voz, su diversidad, su luz y su energía. Todo eso es parte del día a día que se nos suele escurrir. Sin embargo, en más de una oportunidad, los Guardianes Verdes son quienes nos ayudan a recordar, a superar las distracciones y a sentirnos protegidos ante la indiferencia. Es por eso que, a través de esta exposición, le doy las gracias a cada árbol que me ha acompañado.

Luli Cattáneo
Dicen que nació en invierno, que su alma conoció diferentes siglos y portales, y que en su esencia se funde un manojo de historias. Dicen que nació sedienta y ansiosa; sedienta por conocer e interpretar cada enigma del Universo, ansiosa por descubrirse a sí misma. Quizás por ello decidió recolectar cada pieza de su ser; pero, para ir a su propio encuentro, debió aprender a no frustrarse ante la ignorancia y a transformarla en una búsqueda.
Tras recorrer distintos senderos, descubrió el lenguaje de la Luna, la profundidad del silencio, las melodías que se entretejen, las sombras de lo onírico, la magia del Cosmos, la protección de un abrazo... Poco a poco, y con firmeza, se encomendó a una mirada colmada de símbolos celtas, de rituales y de misterios medievales.
Durante años, viajó a través de una máquina del tiempo conformada por telones y madera. Aquel artificio perdido entre decenas de máscaras, le permitió vestir innumerables vidas; pero ello no impidió que ciertos susurros irrumpiesen en su mente, sugiriéndole derramar la tinta sobre los pergaminos. De este modo, varios versos y líneas comenzaron a deslizarse y a gritar señales que serían interpretadas en el futuro.
Sus creencias se fortalecieron en cada secreto de la Naturaleza, mas la indiferencia de algunas personas frente a los detalles la decepcionó. Si ser como ellos era crecer, prefería condenarse a la inocencia eterna. Sin embargo, de algo estaba totalmente segura: debía proteger el asombro, y el papel se había convertido en uno de sus aliados.
Hoy intuye que el misterio no sólo es su constelación predilecta, sino que nada podrá detener su fascinación por los lazos que unen lo inconsciente con la libertad.